AUDIO/TEXTO/FOTO. La primera vez que visitamos la comunidad de Acapatzingo fue hace 14 años, nos sorprendió de inmediato toda la organización que han generado las más de 500 familias (cerca de 4 mil personas) que ahí viven. Fue como adentrarnos en otro mundo, la misma comunidad organizándose y haciéndose cargo de la seguridad, la salud y la educación de sus miembrxs. 

Ubicada al oriente de la Ciudad de México, esta comunidad es uno de los ocho espacios-proyectos que la Organización Popular Francisco Villa de la Izquierda Independiente ha impulsado a lo largo de su trayectoria en la búsqueda de una vivienda y vida dignas para las clases populares. Desde hace algunas semanas han recibido amenazas, inclusive armadas, de un grupo que se identifican como “colombianos”, la comunidad, como otras veces que ha sido embestida,  está dispuesto a defender lo que por 24 años han construido. 

Con 30 años de andar, la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente, fue aprendiendo en el camino que su lucha no se tenía que limitar a tener un techo en dónde vivir, sino a construir una vida digna, la cual para ellxs incluye elementos como la educación, salud, cultura y la construcción diaria de la vida comunitaria. Para ello, se han organizado por medio de comisiones y declarado como su  órgano máximo de decisión, la asamblea, siempre bajo la premisa de generar condiciones de vida justas e igualitarias.

En esta nota queremos dar un breve panorama de la situación de alerta que la comunidad autónoma de Acapatzingo vive, respecto al incremento de la violencia en la Ciudad de México, producto del estancamiento y proliferación de los grupos del llamado “crimen organizado”. Alerta máxima se traduce en organización y lucha.

AUDIO

ENTREVISTA CON COMPAÑERXS PARTE DE LA DIRECCIÓN POLÍTICA, DE LA ORGANIZACIÓN POPULAR FRANCISCO VILLA DE IZQUIERDA INDEPENDIENTE

  1. Historia de la organización
  1. Guerra contra el narco
  1. Extorsiones y soluciones en la comunidad
  1. Sobre la amenaza

La Guerra contra el narco y las consecuencias a corto plazo

Cuando el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) asumió como parte de su política, la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado, miles de comunidades del país vivieron una crecida de violencia sin precedentes. Lo que parecía ser un enfrentamiento entre las fuerzas legales (el Estado)  y las ilegales (el narco y el crimen organizado) del monopolio de la violencia, significó para la población civil, asesinatos a ultranza, militarización de los territorios, robo y violación de mujeres, desplazamiento forzado y la instauración de una política del terror.

Sin embargo, la guerra contra las drogas no es un hecho aislado ni mucho menos novedoso.  Desde el crecimiento de la circulación de las drogas o sustancias modificadas, a finales del siglo XIX, éstas se fueron colocando como una mercancía más que, tuvo amplia y atinada cabida en el desarrollo del sistema capitalista. Siendo de esta forma que las palabras mafia, crimen organizado, narcotráfico, circulación de drogas, lavado de dinero, adicciones, etc., no pueden desligarse de otras como capitalismo, gobierno, Estados, bancos, farmacéuticas, empresarios y policías. 

Históricamente, la guerra contra las drogas fue declarada oficialmente por el presidente estadounidense Richard Nixon en 1969 (aunque no es el primer intento)lo cual la convirtió en una política con tendencias globales que dejó ver en su seno la orquestación de un discurso-pretexto para la expansión de políticas estatales represivas. El pretexto del combate al crimen, ha servido en muchos casos, para la entrada a comunidades y grupos en resistencia y poco menos, a la aniquilación de un mercado “ilegal” contra un grupo de mafiosos.1 Muy por el contrario, diversos gobiernos han alentado la acaparación de sustancias  procesadas (drogas) en manos de empresas privadas como las grandes farmacéuticas, por mencionar un ejemplo. Siendo así, el llamado combate a las drogas, no puede reducirse al enfrentamiento de un gobierno bueno, en contra de un grupo delincuencial malo. La presencia de las drogas y todo lo que ello acarrea, tanto a niveles económicos como sociales y culturales, convierte el problema en algo mucho más complejo.

Como ya habíamos mencionado, la supuesta guerra contra el narco -aún cuando se declaró su fin-, ha dejado un saldo incontable de muertxs, desaparecidxs y desplazadxs y más aún, dicha guerra sigue mostrando sus consecuencias. La Ciudad de México, durante los dos últimos sexenios gubernamentales, no figuró como campo predilecto de esta guerra. El norte del país  so pretexto de sus cercanía con la frontera gabacha y estados como Michoacán, Guerrero y Veracruz como puntos claves de rutas comerciales, fueron y siguen siendo los sitios que sufren con mayor voracidad esta guerra. Las imágenes atroces de cuerpos mutilados, balaceras, toques de queda y gente armada por las calles, parecían ser algo ajeno a la vida citadina. Sin embargo, dado que es ésta una de las ciudades más habitadas del mundo, la demanda de drogas y su derivado control de plazas, no hizo esperar mucho tiempo.

Los años 2016 y 2017, según las fuentes oficiales, fueron declarados como los más violentos en la Ciudad de México, con un crecimiento exponencial en los homicidios dolosos. Aunque, ya años antes, 2011 para ser exactxs, las técnicas del narco se habían dejado ver con el hallazgo de dos cuerpos decapitados y  su respectivo narco-mensaje a las afueras de las instalaciones militares del Distrito Federal, así como dos decapitados que “aparecieron” en la Miguel Hidalgo. 

Esta gran ciudad no era ajena a la violencia, de ninguna manera. Robos a mano armada, fraudes, violaciones sexuales, asesinatos y existencia de pandillas eran comunes. La Ciudad de México, tenía como atributos la presencia de la delincuencia  cotidiana y de esta violencia que, fuerte o no, ese sobrellevaba. No obstante, como los compañeros de la OPFVII,  nos cuentan, en su camino han visto recrudecerse las violencias de todos los tipos o cómo ellxs dicen, “No es que no existieran antes, sino que ahora son más visibles”. El aumento de la violencia, el desempleo y las pocas oportunidades de educación y el acceso a la cultura, aunado a la indiferencia del gobierno, ha llevado a la diversificación de las estrategias del crimen organizado, ya no sólo se dedican a vender drogas, sino se van adueñando del transporte, cobro de cuotas, protección, tráfico de mujeres, etc., básicamente te cobran por sobrevivir. 

Pero esta nuevas estrategias y campos de acción del crimen organizado tienen relación con las formas que el capitalismo sostiene. En esta fase extractivista de acumulación, la mercantilización de la vida en todas sus formas se multiplica, siendo casi todo reducido a su potencial económico. Y si no entendemos que el narcotráfico y el crimen organizado atienden esa lógica, no se entiende por qué han dejado su campo de acción a la mera producción, distribución y venta de drogas. 

Todo ello no fuera posible, de no ser porque el estado mexicano, no sólo falló en la guerra contra el narco, sino que dio cabida y consecución a que éste entrara de lleno en la vida política, económica, social y cultural en México. Esto es lo que se llama el narco-estado y tiene todo que ver con el modelo neoliberal de Estado que se pondera desde finales de la década de 1980, donde la “economía de la droga” hace que el narco se incruste como una fracción dinámica y rentable del capital y, donde, el narco más que ser un elemento contrario al desarrollo del Estado, es una fuerza más para su   función, debido a que las opciones que el mismo sistema político brinda no dan solución a las necesidades básicas que la población reclama. El narco entonces, se pondera como una opción viable ante el escenario de precarización de poblaciones como las de la Ciudad de México.

Siendo así, los grupos mayormente golpeados, serán lxs más precarizados. 

Los golpes a lxs más pobres

La filósofa norteña Sayak Valencia ha denominado a esta particular fase capitalista en México como “gore”2, es decir, como una fase donde la violencia y el derramamiento de sangre son explícitos. Según Sayak, el capitalismo gore se estableció no sólo gracias al proceso neoliberal relacionado a la economía y la política que mencionamos antes, sino que,dentro de ello, surgieron nuevas formas de entender y desear la vida que van de la mano a, 1) un aumento  al desprecio por la condición y cultura obrera; 2) un rechazo a la política; 3) socialización por el consumo; 4) crecimiento de los desfavorecidos y; 5) heroificación de la delincuencia.

A partir de estas características es que podemos entender que los sectores más vulnerables estén en el centro de esta política de guerra. Por un lado, porque existe un entendible cansancio de las condiciones que la precarización de la vida sostiene, aunado a las frustraciones que genera el deseo de consumo extremo de mercancías -entre ellas las drogas- y, el constante bombardeo mediático -series y telenovelas- que hacen de las vivencias de los narcos los ideales de vida, colocando a los más desfavorecidxs como potenciales obreros de la economía de la droga: el ideal es el dinero fácil, aún cuando el precio a pagar sea el de una vida corta o en prisión. Y, por otro, porque la flexibilización que ha mostrado el crimen organizado para funcionar, pone a los sectores populares como un lugar de operación, es decir,  los territorios más marginales se eligen como los campos de actuación de grupos del crimen organizado dado que son lugares históricos de impunidad y abandono social, pero también porque afecta en gran medida a sus poblaciones por medio de las extorsiones y cobros de piso o, por medio del rapto de mujeres y su consecuente tráfico, así como potenciales consumidores. 

La comunidad de Acapatzingo se ha enfrentado a ambos escenarios en los últimos años. Y, como ellos dicen: no bajan la guardia. Saben que la influencia de los medios de comunicación y todo el culto que generan al narco, aunado a la complicidad que existe entre esta mafia y las autoridades que les permite actuar con total impunidad, se convierten en un camino fácil, en el que mucha gente aparentemente pueden obtener dinero y poder, lo cual inexorablemente está ligado a los ideales de la masculinidad hegemónica3. Esta situación hace que lxs jóvenes -aunque no sólo- se convierten en un blanco fácil de cooptar, por lo que han planteado alternativas reales para ellxs, buscan los espacios para que se hagan escuchar y buscan en forma colectiva, hacerle frente para que el abanico de posibilidades se vuelva real para ellxs, los herederxs de un proyecto comunitario. Por ejemplo, recién llevaron a cabo el primer encuentro de jóvenes de sus comunidades, donde éstos impulsaron algunas estrategias para su comunidad, que abordan temas de combate al sexismo, creación de cultura, etc. La comunidad mantiene como máxima la creación de un espacio seguro, por lo menos, dentro de los márgenes de su espacio físico, teniendo que enfrentar incluso, estrategias de defensa que eviten el secuestro de las mujeres de la comunidad e imaginando posibles alternativas para resguardarse de los constantes robos al transporte público. 

Igualmente, la OPFVII sabe de los límites que sus estrategias pueden tener y, debido a que sus comunidades no están exentas de los escenarios hostiles que se presentan con el capitalismo gore,  viven con tristeza e impotencia la instauración de un sin número de puntos de venta y distribución de droga, así como el cobro al que son sometidos los trabajadores ambulantes de la zona. Este llamado “derecho de piso” o “protección” que por años estuvo relacionado con las formas clientelares y corporativistas de los gobiernos, fue cedido a supuestos cárteles y bandas de crimen organizado. Las pocas ganancias que los trabajadores obtienen con la venta de comida o de dulces, tienen que ser divididas para entregar a estos grupos. Las calles, los comercios, todo, cambió de dueño, pero ahora la amenaza o consecuencia ya no es la pérdida de un sitio donde trabajar, sino la muerte, recibir un balazo en la frente.

Siendo así, no es de sorprenderse que, después del primer gran operativo en la ciudad de México en contra de uno de los grupos de control de la zona Oriente, llamado el Cártel de Tláhuac en julio de 2017, quienes hayan salido a “bloquear” hayan sido personasdel sector de transportes -moto taxis-, después de que la Marina abatió al supuesto lider, Felipe de Jesús Luna, “El ojos”. Hasta ese momento, no se había visto tal despliegue de militares y policías  en la zona. Tepito había dejado ser el lugar predilecto de las operaciones.4 

La comunidad como respuesta

Los compañeros de Acapatzingo han visto el endurecimiento de la violencia con el paso de los años. Conscientes de un escenario con pocas oportunidades de sobrevivencia, se preparan, siguiendo el ejemplo de otras comunidades en la defensa de su territorio. Su máxima, “Quien pone en riesgo a la comunidad, no puede ser parte de ella” ha servido para que, por lo menos dentro de sus espacios, las lógicas de guerra no ataquen  la vida comunitaria. De tal forma que, las amenazas por parte de este supuesto grupo de “colombianos”, les ha llevado a reforzar las medidas de seguridad, a denunciar públicamente el acoso que están sufriendo, pues cabe señalar que no es la primera vez que les amenazan, ya que es un territorio muy codiciado para los grupos de poder y lo es, precisamente porque se trata de un territorio autónomo que tiene su mayor fuerza en su comunidad. Se codicia al mismo tiempo que se ve como amenaza.

Lamentablemente estas zonas autónomas no son las primeras que sufren acoso por parte del crimen organizado. Ejemplos en Latinoamérica y México sobran, como sobran también las respuestas comunitarias para poner freno al avance de estas formas crueles de despojo y políticas de terror.    Siendo el narco parte del proceso capitalista y neoliberal que busca acabar con los procesos que potencian la vida y la comunidad, el llamamiento y la organización comunitaria no se hace esperar, pues conocido es también que la seguridad no está en manos de ningún gobierno, policía o mafia, sino en la comunidad misma. 

Sabemos que en pueblos enteros se ha impuesto en mercado de la droga para acabar con la organización comunitaria, crear ficciones al interior de comunidades que por décadas caminaron de la mano y hacer que se maten entre ellxs. Sabemos que lo que está en juego no es sólo la obtención de mayores ganancias económicas, sino demostrar que la  vida tiene un precio, que es también una mercancía  y que el miedo gana obediencia. Sin embargo, sabemos que la comunidad resiste y lucha. Pues como ellxs dicen, nosotrxs no nos metemos con nadie, pero defenderemos nuestro territorio.

Ante cualquier lógica de muerte, se defenderá la vida.

Junio 2020

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