Y sí, a ellas se los debemos, cuando se vuelve incalculable el número de mujeres que desaparecen y no regresan. México, en el que 9 mujeres son asesinadas al día, en el que si te detiene la policía hay una alta probabilidad de ser torturada sexualmente, en donde más de la mitad del país tiene declarada la alerta de género, una ciudad en la que cada media hora se denuncia una violación y en lugar de atención se reciben burlas y descalificaciones, aún así las exageradas somos nosotras.

 

Después de la violación de una joven de 17 años por elementos de la policía de la CDMX en Azcapotzalco, la respuesta de las autoridades fue dar información de la denunciante, lo que provocó desistiera de la acusación por miedo, se convocó a una manifestación en la Procuraduría General de Justicia, conocido como el bunker, en el que durante el acto se le aventó diamantina a Jesús Orta, Secretario de Seguridad Ciudadana lo que género un revuelo mediático por está “grave” agresión. Días después cesan a los policías señalados por violación, pero desaparecen los exámenes realizados a la chica. Éste es sólo un caso de miles que suceden en nuestro país, cada día leemos testimonios de mujeres agredidas y asesinadas en el transporte, en el trabajo, en la escuela, en su casa, por desconocidos, familiares, amigos y por supuesto la policía los cuales quedan en la denuncia mediática y siguen ocurriendo en la total impunidad.

 

Ante está situación se convocó a una diamantada y a un mitin a realizarse el 16 de agosto en la glorieta de insurgentes en la que se encuentra un edificio de seguridad pública. Desde las 6 de la tarde se comenzaron a reunir miles de mujeres, con la intención de externar la rabia y hartazgo que sentimos día a día. Mucha diamantina, pintas, stenciles, pero sobre todo mucho amor el que se sentía, saludar a tus compañeras, abrazarlas, a tú manada, se vuelve real aquella frase de “a mí me cuidan mis amigas”.

 

Concluyó el mitin y caminamos alrededor de la glorieta, algunas decían vámonos al ángel, otras nos quedamos a disfrutar, sí, a disfrutar la destrucción. No sabría explicarlo, físicamente mi corazón comenzó a latir más rápido, emocionalmente me sentía feliz, eso sí alerta para cuidar a mis compañeras. Nunca voy a entender a la gente que le da más importancia a las cosas materiales, a las que inmediatamente salieron a señalarnos a pedir que hubiera detenciones, la jefa de gobierno diciendo que no habrá impunidad al referirse a los vidrios rotos. Todo eso lo olvidé al escucharnos gritar “fuimos todas, fuimos todas”

 

Después de romper todo lo que se pudo en la estación del metrobus, caminamos hacia el ángel de la independencia, en el camino seguimos con el estacionamiento de el edificio de la policía, y después una estación de policía, en el que si hubo fuego. Después de horas de manifestación en el ángel habíamos muchas todavía gritando consignas, cantando. Ahora si es un hecho que estamos hartas, enojadas y no vamos a permitir que nos sigan matando.

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Un comentario sobre “Se lo debemos a las que no volvieron

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