“Los policías llegaron disparando. Yo caí a las 9 y media”

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Más testimonios de la masacre desmienten la versión oficial sobre Nochixtlán
“Los policías llegaron disparando. Yo caí a las 9 y media”

Abi Ayala

“Yo oí los disparos que me atravesaron la pierna. Fue una ráfaga de diez o doce. El doctor le dijo a mi esposa que había sido de un arma automática, que la bala vino de arriba, que por eso entró por la rodilla y salió por abajo en la pantorrilla, y también le dijo, pues… que estoy vivo de milagro”.
J., maestro del sector de Nochixtlán, es uno de los más de cien heridos que sobrevivió a la masacre ordenada por el Estado el 19 de junio en la región mixteca de Oaxaca, donde fueron asesinados diez compañeros. El suyo es uno de los testimonios que han obligado al gobierno a cambiar su versión oficial de la brutal represión una y otra vez, con el cinismo que es propio de los déspotas en el poder.
Ese mismo día negaron que hubiera policías armados. Testimonios, videos y fotos con metadatos los desmintieron; incapaces de negar más las evidencias terminaron aceptando que sí dispararon, justificándose entonces con otra mentira: que sólo lo hicieron al recibir disparos, a las 11 y media de la mañana. Nuevamente, la verdad hace pedazos sus declaraciones.
“Yo caí a las 9 y media. Fui el tercero en caer y de no haber sido por los compañeros me hubiera desangrado ahí mismo. Es mentira que sólo accionaron sus armas a las once, es mentira”. A unos días de haber dejado el hospital de Huajuapan en el que estuvo internado una semana, el maestro rural de 31 años, originario del istmo, recuerda con más rabia que dolor esa mañana en Nochixtlán.
“Más que miedo yo sentía ese coraje que no se me quita hasta ahorita, porque los policías llegaron de una vez a lo que llegaron, aventando gases, disparando a diestra y siniestra, agrediendo, no hubo tiempo de nada, no hubo diálogo de nada. Yo oí las ráfagas de los disparos. Sentí los gases, vi morir a un compañero junto a mi, vi muchos heridos, y de un momento a otro todo era sangre”.
Días después, mientras el maestro estaba en recuperación, oyó como los medios de paga anunciaron en horario estelar que hubo disparos de ambos lados, y equipararon los disparos con fusiles AR-15 de la policía federal al “ataque” con cohetones de feria de la población. “Nosotros, como maestros de primaria, ¿qué podemos tener?, piedras y palos, no salimos de ahí, no estábamos armados. Yo tengo múltiples fracturas en la rodilla y una herida de un arma automática que sigue ahí, eso demuestra que ellos dispararon, ellos sí tiraban a matar”.

Aquí aguantamos todos
Una semana antes, el lunes 13, el profesor J. fue de los primeros que bloquearon el paso a un convoy de federales rumbo a la capital, cuando ninguna barricada había sido instalada en las carreteras de Oaxaca. Las imágenes de él y sus compañeros que llenaron las redes sociales alertaron de inmediato a otros que tras la amenaza de represión, atravesaron piedras y palos, llantas, camiones o lo que fuera para bloquear el paso a los policías en carreteras, puentes, cruces y caminos. En esos días hubo entre 25 y 35 bloqueos en todo el estado, permanentes o intermitentes.
“Fue el lunes, creo, ya no recuerdo bien, pero fue la primera barricada. Compañeros y padres de familia éramos un número incalculable. Los federales se regresaron, supimos que de ahí se fueron a Tehuacán, aunque a algunos los metieron por helicópteros o por camiones, también en carros particulares, disfrazados, pero el bloqueo no lo rompieron, aquí aguantamos todos”.
J. da clases en una escuela bidocente a niños de cuarto, quinto y sexto de primaria. En diez años trabajando en la mixteca, dice, ha visto las carencias de los pueblos pero también su fuerza, por eso piensa que pelear no es una obligación “lo hacemos por conciencia, por convicción, lo hacemos por los derechos de los niños, de nuestros propios hijos, de nuestras comunidades y porque nosotros, aquí, no tenemos nada más que nuestro trabajo”.

Más de 90 heridos
Siete horas duró la represión en Nochixtlán. En la primera, el maestro fue atendido en la casa parroquial. La hemorragia en su pierna no cedía a pesar de la ayuda de los primeros médicos y enfermeras que respondieron al llamado de las campanas de la Iglesia, mientras la PFP mantenía secuestrado el hospital. En ese lapso J. llegó a ver “más de 90 heridos” que caían uno tras otro, desde los brazos de sus compañeros, en los pasillos y camillas improvisadas con colchonetas.
“Había personas ensangrentadas, heridas en diferentes partes del cuerpo, hombres jóvenes y viejos, muchachos que eran atendidos por las brigadas de doctores de Huajuapan, Tamazulapan, de muchos pueblos cercanos bajaron a ayudarnos. No había suficiente material de curación y los doctores no se daban abasto. En un momento todo era sangre, todo”.
Fue hasta que los padres de familia pudieron dispersar a los federales cuando J. fue trasladado al hospital para una radiografía. Ahí esperó más de 8 horas, en lo que había condiciones para alejarlo del alcance de las balas, los gases, la amenaza de los federales armados, de la desaparición forzada.
Después de las 7 de la noche, un taxi solidario y dos autos más de compañeros se encargaron de llevarlo seguro a una clínica en Huajuapan de León. En el camino, recogieron a otro herido con un balazo cerca del riñón.

-¿Cómo se explica la brutalidad con que actuaron los policías en Nochixtlán?

-Ellos ya traían la orden. Simple y sencillamente la orden la da el Estado, “háganle como quieran pero sáquenlos de ahí”. Desafortunadamente hubo muchos muertos, muchos heridos, se tuvieron que pagar las consecuencias de este mal gobierno que no se digna a dar un diálogo, una solución que sea buena para todos los sectores. Hace una semana nos reprimieron, nos dispararon, nos mataron a nosotros, a los maestros, y ahora nos preguntamos ¿después, quién va a ser?
Nosotros exigimos que los culpables, los que están al mando, los que están al frente, los que dieron la orden, se vayan a la cárcel a pagar lo que deben. ¿Por qué? porque necesitamos que ya pare esta impunidad, ya no se puede más, de verdad. Nosotros exigimos indemnización para los familiares de los compañeros asesinados, porque eran ellos el sustento de su familia y ya no están.

Es el ejército más grande
Para J. el apoyo de los padres, de autoridades, de la escuelas, ha sido muchísimo. “Mi reconocimiento para todas las personas que han apoyado este lucha. Nosotros que hemos estado envueltos en esta masacre no tenemos palabras para agradecer al pueblo que salió a dar la cara por nosotros. Ahora nos toca ser el ejército más grande, el movimiento más fuerte, la organización más decidida”.
Acompañado de su esposa y sus hijos, el profesor rural se dice convencido de sus palabras: “Sabemos que andan diciendo muchas mentiras en la tele, pero les decimos nosotros a ustedes, padres, madres, pueblo, que lo que pasó en Nochixtlán y en otros bloqueos donde fuimos reprimidos, lejos de calmar el movimiento le dio más fuerza. Una revolución, una independencia, no se hizo por gente que estaba de acuerdo con todo lo que les imponían, sino que se hizo a raíz del hartazgo de la misma gente que ve que no hay de otra que seguir peleando, y eso estamos haciendo”.

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